Leonardo Padura. "La cola de la serpiente"



Mario Conde
Portada de La cola de la serpiente


La narración se sitúa en 1989 pero el narrador escribe desde un presente más cercano porque hay referencias a lo que sucedió en ese año y en otros posteriores. La teniente Patricia Chion, mulata de madre negra y padre chino, seduce a Mario Conde para que lleve a cabo la investigación del sangriento asesinato de Pedro Cuang, un viejo emigrante chino. Para ello, Mario tendrá que entrar al barrio chino en La Habana, recurrir e investigar a otros chinos emigrados como el padre de Patricia, Juan Chion y Francisco Chiu, personaje importante por su asociación con la Sociedad Con Cun Sal en la cual veneran a un santo San Fan Con. "Huele a chino", comentará constantemente Mario, al mismo tiempo que va descubriendo lo que queda de ese barrio y sus habitantes sometidos, como todos los emigrantes “a la soledad, el desprecio y el desarraigo”. El asesinado Pedro Cuang acaba siendo un "cobrador" del Banco de apuntación, algo así como cobrador de apuestas, que por alguna razón logró quedarse con los cobros de un banquero.  



Personalmente, me gusta la forma como Padura nos dice esto leí, esto me gusta, esto se debe de leer, en vez de alusiones indirectas o casi simbólicas, muy frecuentes en algunos escritores: en un momento de la novela, Padura hace que Mario lea los títulos de libros manoseados y acumulados sobre una silla: Islands in the Stream, de Ernest Hemingway, The Catcher in the Rye de J. D, Salinger, Conversación en la Catedral de Mario Vargas Llosa, El siglo de las luces de Alejo Carpentier y Fiebre de caballos, porque cualquiera de esos libros, representa lo que él hubiera querido escribir, pero que en realidad había preferido vivir como el parásito de otros escritores, o sea, como lectores.



Asombra que ciertos escritores logren describir y presentar los contextos de tal manera que el lector llega a perder el sentido de la realidad exterior y se mete de lleno en el ambiente. En este caso, el de una ciudad que ya ha perdido toda la esperanza y materialmente se desmorona ante los ojos de los cubanos.  Este es el privilegio de la novela de detectives, al describir lo que se ve, sin que la crítica social o política sean los objetivos, porque el objetivo es claro: el crimen y su resolución, no está sujeta a los mismos criterios de censura estatal y logran proyectar una visión mucho más realista. Bien lo dice Padura: lo narrado es ficción, aunque tiene un fuerte contenido de realidad, la historia no ocurrió en la realidad, aunque bien pudo haber ocurrido.  En La Habana de 1989 ya no hay ron, los cortes de luz son frecuentes, la policía también es corrupta, efectos colaterales de un régimen totalitario y decadente. 
Leonardo Padura, La Habana, Cuba,  1955.

Padura, Leonardo, La cola de la serpiente. España: Tusquets. 2011. 192 págs.

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