Toni Hill "El verano de los juguetes muertos"

Héctor Salgado




Héctor Salgado es un detective argentino en Barcelona. Acaba de regresar de Argentina después de un mes de vacaciones forzadas, apartado del servicio por haber golpeado salvajemente a un tal doctor Omar, emigrante africano y pronto sabremos, tratante de blancas. Suspendido mientras continúa la investigación, el Comisario jefe Savall le solicita investigue algo aparentemente sencillo, el suicidio del joven Marc Castells Vidal cuando estaba de fiesta con sus inseparables amigos Gina Marti y Aleix Roviera, miembros de conspicuas familias barcelonesas.

Toni Hill va intercalando las averiguaciones de la muerte de Marc con los antecedentes familiares de los padres de los tres jóvenes, amigos todos. En este contexto el doctor Omar aparecerá asesinado en el mismo edificio de Héctor, lo que hace aparecer al investigador como el presunto asesino.

Es interesante como Hill remonta los orígenes de la muerte de Marc con la historia de las familias de los jóvenes cuando siendo niños pasaban los veranos en el campamento del tio cura Felix, hasta que sucede un accidente en el que se ahogó una niña llamada Iris, una de las hijas de la cocinera del campamento. Hill hace que el encuentro años después de Marc y la hermana de la niña ahogada en Dublin sea el detonador de los sucesos.

Hay secretos familiares, trato de blancas, droga, mujeres maltratadas, abuso de menores, adopción de niños orientales. En fin, los temas actuales. El autor trata de dar a la novela el ambiente de Barcelona, tal vez un poco a lo Vázquez Montalbán. La historia queda abierta para saber qué pasa con su compañera y madre de su hijo Ruth, quien lo dejó por la moda de "explorar su sexualidad" con una pareja del mismo sexo. 



Toni Hill, Barcelona, España. 1966.
 
  • Hill, Toni. El verano de los  juguetes muertos. Barcelona: Random House Mondadori. 2011. 370 págs.

Los autores

Autores publicados en este blog (ir a la fecha de la publicación en este blog).
    • Anthony Horrowith, Inglaterra (Junio 4, 2012)
    • Bernardo Fernandez, BEFMéxico  (Junio 4, 2012)
    • Caryl Férey, Francia  (Junio 4, 2012)
    • César Guerrero, México  (Junio 4, 2012)
    • Claudia Piñeiro, Argentina  (Junio 4, 2012)
    • Christian Jungersen, Dinamarca   (Junio 4, 2012)
    • Colin Cotterill,  Inglaterra / Laos   (Juio 4, 2012)
    • F.G. Haghenbeck, México   (Junio 4, 2012)
    • Haruki Murakami, Japón   (Febrero 12, 2012)
    • Juan Madrid,  España   (Junio 24, 2012)
    • Javier Marías, España   (Junio 4, 2012)
    • Laurent Binet, Francia  (Junio 3, 2012)
    • Leif GW Persson, Suecia   (Junio 4, 2012)
    • Leonardo Padura, Cuba   (Junio 4, 2012)
    • Toni Hill,  España    (Junio 30, 2012)
    • Paul FrenchInglaterra   (Junio 3, 2012)
    • Pavel Kohout, República Checa   (Junio 4, 2012)
    • Petros Markaris, Grecia   (Junio 4, 2012)
    • Roberto Ampuero, Chile   (Junio 4, 2012)


Juan Madrid, "Adiós, princesa"



Toni Romano
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En esta séptima novela, Antonio Carpintero, alias Toni Romano, detective privado, ex boxeador, ex policía del Grupo de Noche de la comisaría del Centro de Madrid, es contratado por el abogado Matos para apoyar la defensa de Juan Delforo por el presunto asesinato de Lidia Ripoll, una joven presentadora de televisión. Toni Romano sin quererlo está involucrado en la acusación porque Juan Delforo es un escritor de novelas policíacas protagonizadas por el investigador Toni Romano y porque es su vecino.  El diario de Lida Ripoll que incrimina a Delforo quien había sido su profesor; una cinta grabada por Delforo y enviada a Toni Romano, una vieja pistola Makarov, las investigaciones que al menos tres diferentes servicios de Inteligencia del gobierno español han estado realizando sobre una supuesta relación de la periodista con el príncipe de Asturias, el papel de las cada vez más importantes de empresas millonarias que ofrecen seguridad bien al margen o de la mano con las autoridades y un policía honesto, van entretejiéndose con varias historias secundarias que nos llevan a diferentes rumbos de Madrid  y nos presentan una galería muy interesante de sus habitantes, sus formas de vida y preocupaciones.


Juan Madrid, España 1947
 

  • Madrid, Juan. Adios Princesa.  Barcelona: Zeta Bolsillo. 2011. 414 págs.



Los clásicos.
·         ¿Antecedentes?
o   “La Historia de Bel y el Dragón”. Libro de Daniel. Biblia.
o   Serendipity. Cuento oriental
o   François-Marie Arouet de Voltaire, (Francia. 1694 – 1778). Zadig
  • · Edgar Allan Poe. (Estados Unidos de América. 1809 – 1849)
  • · Charles Dickens (Inglaterra, 1812-1870), 
  • · Wilkie Collins (Inglaterra, 1824 –1889). 
  • · Arthur Conan Doyle (Inglaterra, 1859 – 1930)
  • · Joseph Conrad ( Ukraine,1857 –1924). 
  • · Raymond Chandler (Estados Unidos, 1888 - 1959) 
  • · Agatha Christie (Inglaterra, 1890 –1976)
  •   Dorothy Sayers. (Inglaterra, 1893 – 1957)
  • · Dashiell Hammett. (Estados Unidos 1894 – 1961)
  • · Josep Roth (Brody, Imperio austrohúngaro, 1894 -1939)
  • · George Simenon (Francia, 1903 - 1989) 
  • · Honorio Bustos Domecq (Argentina, Jorge Luis Borges 1899–1986 y Adolfo Bioy Casares 1914 - 1999) 
  • · Rafael Bernal (México, 1915- 1972)
  • · Patricia Highsmith. (Estados Unidos, 1921 - 1995)
  • · Truman Capote. (Estados Unidos 1924 - 1984)
  • · Manuel Vázquez Montealbán (España, 1939 - 2003)

¿Antecedentes?

En este apartado, tres muestras de la literatura en que por medio de la observación y la deducción se infiere la verdad: 

o   “La Historia de Bel y el Dragón”. Libro de Daniel. Biblia.
o   Serendipity. Cuento oriental
o   François-Marie Arouet de Voltaire, (Francia. 1694 – 1778). Zadig


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En el Libro de Daniel de la Biblia se narra la historia de "Bel y el Dragón". 


Daniel, consejero del rey Ciro el Persa, demuestra que Bel, deidad de Babilonia, no era un dios verdadero, al descubrir por medio de sus deducciones, que todos los manjares y alimentos que se le ofrendaban diariamente, eran consumidos por los mismos sacerdotes que lo adoraban.  Igualmente, gracias a sus capacidades de observación y deducción y contra la opinión de los sacerdotes, destruye lo que parecía un gran animal al cual los babilonios adoraban, mostrando con esto que no era tal. 
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Serendipity

Con la palabra inglesa “serendipity” se designa el descubrimiento casual de un misterio pero en el que intervienen las capacidades de observación y sagacidad. El término fue utilizado por primera vez por el escritor inglés Horace Walpole (Inglaterra, 1717-1797) en relación a un cuento oriental antiguo llamado “Los tres príncipes de Serendip”. 

 “Los tres príncipes de Serendip”

En ese cuento, en el reino de Serendip (el antiguo Ceilán, hoy Sri Lanka) los hijos del rey Giaffer descubrían misterios fortuitos. Por ejemplo, describen con gran precisión un camello que ninguno de ellos habían visto: cojo, tuerto, chimuelo, cargando a una mujer embarazada, una olla de miel en un lado y una de mantequilla en la otra. Cuando encuentran al camellero que había perdido su camello le comentaron sus observaciones pero afirman no haberlo visto; el camellero los acusa de haber robado su camello y demanda castigo. El emperador del lugar les pregunta cómo podían describirlo sin haberlo visto. Los príncipes responden que en a lo largo del camino, siempre en la misma parte había menos hierba verde que en la otra e infirieron que era porque el camello al comer, había comido de la parte que podía ver; porque por los pedazos de hierba que habían quedado sobre el camino supusieron que se le habían caído por la falta de dientes; solamente se distinguían tres huellas y restos de tierra, por lo tanto, era una pata que arrastraba; que cargaba miel en un lado y mantequilla en el otro era evidente por las hormigas atraídas por la mantequilla derretida en una parte del camino y las moscas en el otro; que era una mujer lo dedujeron por la huella dejada por las patas al doblarse para que la mujer bajara del camello cerca de un charco de orina; el olor de la orina y sus huellas eran de una mujer; supusieron que estaba embarazada porque observaron las huellas de sus manos en la tierra para detenerse mientras orinaba. Finalmente el camellero encontró su camello y los príncipes se convirtieron en consejeros del rey.
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François-Marie Arouet de Voltaire, (Francia. 1694 – 1778). Zadig


En el capítulo tercero de Zadig, , un filósofo de Babilonia, observando las diferencias, con sagacidad, describe el perro de la reina y el caballo del rey sin haberlos visto nunca. Le acusan de haberlos robado, lo juzgan y lo sentencian cuando aparecen el perro y el caballo. Si bien tiene que pagar la multa, se le permite defenderse explicando las señas que fue encontrando al pasear por el bosque: huellas de un perro chico, surcos dejados entre las huellas le indicaron que eran las tetas, por lo tanto era una perra que había parido. En lo que respecta al caballo explicó que las huellas de las herraduras estaban a la misma distancia, por lo que eran de un caballo con galope perfecto, como la senda era angosta observó que una parte parecía que había sido barrida de polvo, lo que le llevó a la conjetura del tamaño de la cola; hojas recién caídas de los árboles le hizo conjeturar el tamaño del caballo, otros vestigios le hicieron reconocer el freno de oro y herraduras de plata.

A continuación se presenta la traducción de este capítulo:


III.– El perro y el caballo.

En breve experimentó Zadig que, como dice el libro de Zenda-Vesta, si el primer mes de matrimonio es la luna de miel, el segundo es la de acíbar. Vióse muy presto precisado a repudiar a Azora, que se había tornado inaguantable, y procuró ser feliz estudiando la naturaleza. No hay ser mas venturoso, decía, que el filósofo que estudia el gran libro abierto por Dios a los ojos de los hombres. Las verdades que descubre son propiedad suya: sustenta y enaltece su ánimo, y vive con sosiego, sin temor de los demás, y sin que venga su tierna esposa a cortarle las narices.

Empapado en estas ideas, se retiró a una quinta a orillas del Eúfrates, donde no se ocupaba en calcular cuantas pulgadas de agua pasan cada segundo bajo los arcos de un puente, ni si el mes del ratón llueve una línea cúbica de agua más que el del carnero; ni ideaba hacer seda con telarañas, o porcelana con botellas quebradas; estudiaba, sí, las propiedades de los animales y las plantas, y en poco tiempo granjeó una sagacidad que le hacía tocar millares de diferencias donde los otros solo uniformidad veían.

Paseándose un día junto a un bosquecillo, vio venir corriendo un eunuco de la reina, acompañado de varios empleados de palacio: todos parecían llenos de zozobra, y corrían a todas partes como locos que andan buscando lo más precioso que han perdido. Mancebo, le dijo el principal eunuco, ¿visteis al perro de la reina? Respondióle Zadig con modestia: Es perra que no perro. Tenéis razón, replicó el primer eunuco. Es una perra fina muy chiquita, continuó Zadig, que ha parido poco ha, coja del pié izquierdo delantero, y que tiene las orejas muy largas. ¿Con que la habéis visto? dijo el primer eunuco fuera de sí. No por cierto, respondió Zadig; ni la he visto, ni sabía que la reina tuviese perra ninguna.

Aconteció que por un capricho del acaso se hubiese escapado al mismo tiempo de manos de un palafrenero del rey el mejor caballo de las caballerizas reales, y andaba corriendo por la vega de Babilonia. Iban tras de él el caballerizo mayor y todos sus subalternos con no menos premura que el primer eunuco tras de la perra. Dirigióse el caballerizo a Zadig, preguntándole si había visto el caballo del rey. Ese es un caballo, dijo Zadig, que tiene el mejor galope, dos varas de alto, la pezuña muy pequeña, la cola de vara y cuarta de largo; el bocado del freno es de oro de veinte y tres quilates, y las herraduras de plata de once dineros. ¿Y por donde ha ido? ¿dónde está? preguntó el caballerizo mayor. Ni le he visto, repuso Zadig, ni he oído nunca hablar de él.

Ni al caballerizo mayor ni al primer eunuco les quedó duda de que había robado Zadig el caballo del rey y la perra de la reina; condujeronle pues a la asamblea del gran Desterham, que le condenó a doscientos azotes y seis años de presidio. No bien hubieron dado la sentencia, cuando aparecieron el caballo y la perra, de suerte que se vieron los jueces en la dolorosa precisión de anular su sentencia; condenaron empero a Zadig a una multa de cuatrocientas onzas de oro, porque había dicho que no había visto habiendo visto. Primero pagó la multa, y luego se le permitió defender su pleito ante el consejo del gran Desterliam, donde dijo así:

Astros de justicia, pozos de ciencia, espejos de la verdad, que con la gravedad del plomo unís la dureza del hierro, el brillo del diamante, y no poca afinidad con el oro, siéndome permitido hablar ante esta augusta asamblea, juro por Orosmades, que nunca vi ni la respetable perra de la reina, ni el sagrado caballo del rey de reyes. El suceso ha sido como voy a contar. Andaba paseando por el bosquecillo donde luego encontré al venerable eunuco, y al ilustrísimo caballerizo mayor. Observé en la arena las huellas de un animal, y fácilmente conocí que era un perro chico. Unos surcos largos y ligeros, impresos en montoncillos de arena entre las huellas de las patas, me dieron a conocer que era una perra, y que le colgaban las tetas, de donde colegí que había parido pocos días hacia. Otros vestigios en otra dirección, que se dejaban ver siempre al ras de la arena al lado de los pies delanteros, me demostraron que tenia las orejas largas; y como las pisadas del un pié eran menos hondas en la arena que las de los otros tres, saqué por consecuencia que era, si soy osado a decirlo, algo coja la perra de nuestra augusta reina.

En cuanto al caballo del rey de reyes, la verdad es que paseándome por las veredas de dicho bosque, noté las señales de las herraduras de un caballo, que estaban todas a igual distancia. Este caballo, dije, tiene el galope perfecto. En una senda angosta que no tiene más de dos varas y media de ancho, estaba a izquierda y a derecha barrido el polvo en algunos parajes. El caballo, conjeturé yo, tiene una cola de vara y cuarta, que con sus movimientos a derecha y a izquierda ha barrido este polvo. Debajo de los árboles que formaban una enramada de dos varas de alto, estaban recién caídas las hojas de las ramas, y conocí que las había dejado caer el caballo, que por tanto tenía dos varas. Su freno ha de ser de oro de veinte y tres quilates, porque habiendo estregado la cabeza del bocado contra una piedra que he visto que era de toque, hice la prueba. Por fin, las marcas que han dejado las herraduras en piedras de otra especie me han probado que eran de plata de once dineros.

Quedáronse pasmados todos los jueces con el profundo y sagaz tino de Zadig, y llegó la noticia al rey y la reina. En antesalas, salas, y gabinetes no se hablaba más que de Zadig, y el rey mandó que se le restituyese la multa de cuatrocientas onzas de oro a que había sido sentenciado, puesto que no pocos magos eran de dictamen de quemarle como hechicero. Fuéron con mucho aparato a su casa el escribano de la causa, los alguaciles y los procuradores, a llevarle sus cuatrocientas onzas, sin guardar por las costas más que trescientas noventa y ocho; verdad es que los escribientes pidieron una gratificación.

Viendo Zadig que era cosa muy peligrosa el saber en demasía, hizo propósito firme de no decir en otra ocasión lo que hubiese visto, y la ocasión no tardó en presentarse. Un reo de estado se escapó, y pasó por debajo de los balcones de Zadig. Tomáronle declaración a este, no declaró nada; y habiéndole probado que se había asomado al balcón, por tamaño delito fue condenado a pagar quinientas onzas do oro, y dio las gracias a los jueces por su mucha benignidad, que así era costumbre en Babilonia, ¡Gran Dios, decía Zadig entre sí, qué desgraciado es quien se pasea en un bosque por donde haya pasado el caballo del rey, o la perrita de la reina! ¡Qué de peligros corre quien a su balcón se asoma! ¡Qué cosa tan difícil es ser dichoso en esta vida!

Edgar Allan Poe. “The Murders in the Rue Morgue”

Auguste Dupin



En Los crímenes de la Rue Morgue, aparece uno de los  primeros detectives  en la historia del género y se introduce la esencia de la novela de detectives: el poder del análisis. La facultad de resolución de cualquier enigma es posible gracias a la aplicación de un método, el analítico.  Para Poe, sin lugar a dudas, no hay tarea más grata que la facultad de análisis la cual depende de la capacidad para observar,  ya que “observar con atención es recordar haciendo distinciones” y esto es lo que permite hacer inferencias válidas.

            En las conversaciones entre el joven francés Monsieur C. Auguste Dupin y el anónimo narrador de Los crímenes de la Rue Morgue, se describe el poder del análisis que hace que Dupin pueda saber lo que su interlocutor está pensando, siempre aplicando el método de recordar o rastrear a partir de un primer eslabón de la cadena de sucesos y hasta el último pero sin perder ninguno, teniendo al objeto de análisis cerca para no perder el conjunto, tendiendo presente que lo profundo se encuentra en los valles, y no en la cima de las montañas. 

Poe presenta los asesinatos de Mme. L’Espagne y de su hija con la transcripción de las noticias de los periódicos y los testimonios de los vecinos. Y resuelve los crímenes aplicando su método de observar-analizar-inferir  las voces peculiares, la inusual agilidad del criminal, la falta de motivo y la atrocidad de los crímenes.

Edgar Allan Poe. Estados Unidos de América. 1809 – 1849.
 Poe, Edgar Allan. “The Murders in the Rue Morgue” en Tales of Mystery and Imagination.  Nueva York, E.U.: Barnes&Noble Books. 2003. 456 págs. Págs. 107-152.

Charles Dickens


·         Charles Dickens (Inglaterra, 1812-1870),  en su novena novela Bleak House, La casa desolada en español,  publicada en veinte entregas entre marzo de 1852 y septiembre de 1853, introduce el descubrimiento, la detección como una característica fundamental de la novela victoriana. La novela incluye también uno de los primeros detectives que aparecen en la ficción inglesa, el señor Bucket. Este personaje está probablemente basado en el inspector Charles Frederick Field del entonces recientemente creado Departamento de Detectives de Scotland Yard. Dickens escribió varios artículos periodísticos sobre el inspector y el trabajo de los detectives en Household Words.

Wilkie Collins


·         Wilkie Collins (Inglaterra, 1824 –1889).  The Moonstone, La piedra lunar, publicada en 1868, ha sido considerada como la primera novela de detectives.  La obra de Collins presenta la preocupación por el papel de la mujer en la Inglaterra del siglo XIX. T. S. Eliot la calificó  como "the first, the longest, and the best of modern English detective novels...in a genre invented by Collins and not by Poe", y Dorothy Sayers como "probably the very finest detective story ever written".

Arthur Conan Doyle


   Arthur Conan Doyle (Inglaterra, 1859 – 1930)

Joseph Conrad


Joseph Conrad ( Ukraine,1857  –1924). Escritor polaco que escribió en inglés cuando se instaló en Inglaterra. The Secret Agent, El agente secreto, 1907

Agatha Christie

Agatha Christie (Inglaterra, 1890 –1976)

Dorothy Sayers

 Dorothy Sayers. (Inglaterra1893  1957)

Dashiell Hammett

Dashiell Hammett. (Estados Unidos 1894  1961)

Josep Roth

Josep Roth (Brody, Imperio austrohúngaro,  1894 -1939)

George Simenon

George Simenon (Francia, 1903 - 1989) 

H. Bustos Domecq

Honorio Bustos Domecq (Argentina, Jorge Luis Borges 1899–1986 y Adolfo Bioy Casares 1914 - 1999es el autor ficticio de la colección de relatos detectivescos Seis problemas para don Isidro Parodi (publicada en 1942) y escritos en colaboración entre los escritores argentinos Posteriormente publicaron con el mismo seudónimo Un modelo para la muerte (1946) y Crónicas de Bustos Domecq (1967).

Rafael Bernal

Rafael Bernal (México, 1915- 1972)

Patricia Highsmith

Patricia Highsmith. (Estados Unidos, 1921 - 1995)

Truman Capote

 Truman Capote. (Estados Unidos 1924 - 1984)

Manuel Vázquez Montealbán


 Manuel Vázquez Montealbán (España, 1939 - 2003)


Link a su página: http://www.vespito.net/mvm/indesp.html

Reed Farrel Coleman. "Hurt Machine"

 Moe Prager
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Los seres humanos somos cómo máquinas para hacer daño.  Aunque conscientemente tratemos de evitarlo, parece que estamos condicionados a dañarnos los unos a los otros, de manera tan natural como respiramos.

Esta es la sexta novela de Moe Prager, investigador privado, ex investigador del Departamento de Policía de la ciudad de Nueva York. En vez de la glamurosa Manhattan, Moe Prager se mueve en los típicos barrios de Coney Island como Brighton Beach y Gravesend, en el extremo sur de Brooklyn que da al Océano Atlantico. Ya en sus sesenta, le han diagnosticado cáncer de estómago y decide retrasar la quimioterapia unas semanas, después del matrimonio de su única hija, Sara.   Durante estos días previos al matrimonio y a la quimioterapia, Carmella Melendez, quien había sido su pareja por varios años, lo busca para pedirle investigue quién apuñaló a su hermana Alta Cansecos en una pizzería de Gravesend. Las autoridades poco habían hecho para tratar de descubrir al o los culpables porque, detrás de esta muerte, había otra ignominiosa: Alta y su compañera, Maya Watson eran “EMT”, Técnicos en emergencias médicas del Departamento de Bomberos de Nueva York y fueron acusadas, castigadas y repudiadas por haberse rehusado a dar asistencia médica a un hombre llamado Robert Tillman, en un elegante Bistro de Manhattan y quien murió a consecuencia de un ataque.  

En un contexto muy de la línea de los "American noir thrillers, moviéndose entre Brooklyn y Manhattan, entre pizzerías y bares (y mucho alcohol, algo de sexo porque Moe ya no es el que era antes y alguna que otra golpiza), comisarías, estaciones de bomberos, y viviendas típicas de Brooklyn, Moe Prager avanza en su investigación planteándose preguntas; para empezar ¿qué hacían dos paramédicos en un costoso bistro del muy fancy Meatpacking District en Manhattan? ¿por qué se negaron a dar asistencia médica a un hombre? ¿por qué las autoridades no hicieron mucho para resolver la muerte de Alta?



Reed Farrel Coleman. Estados Unidos. 1956.

 
  • Coleman, Reed Farrel. Hurt Machine.A Moe Prager Mystery . USA.:  Tyrus Books, 2011. 320 pages


F.G.Haghenbeck. "Aliento a muerte"


Coronel Palacios

 
El género policíaco le permite a Haghenbeck escribir sobre lo que pudo haber pasado al terminar la experiencia del “Segundo Imperio”, cómo se empezó a reacomodar una sociedad después de la dominación extranjera y el retorno a la República. El contexto de Aliento a Muerte es la provincia en México en 1868, un año después de l fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo. Haghenbeck va más allá y usa el flashback, moviéndose retrospectivamente desde un presente en septiembre de 1868 a un pasado iniciado en el mes de julio de 1865. La historia es la de Adrían Blanquet, hijo de un hacendado de la región de Tehuacán que había luchado en el ejército imperial, apresado y condenado a muerte por traición a la patria. Haghenbeck hace que intereses políticos y económicos coyunturales le salven la vida, pero no el honor. Su regreso a Tehuacán es el regreso a otro México, a otro orden: se ha perdido la hacienda El Ahuizote y su padre y su esposa han muerto.  Al buscar la verdad, con la ayuda de un simpático cocinero enano de origen francés, se enfrenta con el pueblo y con el caudillo David Díaz Ceballos. La venganza le hace huir a la capital donde lo encontrará un muy obstinado detective, el Coronel Palacios.
En esta ocasión Haghenbeck enmarca cada capítulo con la ficha de alguna de las piezas exhibidas en una exposición temporal de objetos de la colección privada Roth- García, “El Imperio efímero: artes y objetos en tiempos del Imperio de Maximiliano" reproduciendo así ese ambiente de ese efímero “Segundo Imperio”.


Francisco Gerardo Haghenbeck. Ciudad de México. 1965.


 


Haghenbeck, Francisco G. Aliento a muerte. México: Planeta. 2009. 206 págs.

Leonardo Padura. "El hombre que amaba a los perros"


El hombre que amaba a los perros (Coleccion Andanzas) (Spanish Edition)
La utopía pervertida.
Para los personajes de Leonardo Padura en su novela  El hombre que amaba a los perros, la utopía comunista se trastocó en la “utopía pervertida”. Una de las numerosísimas historias que podrían mostrar esa perversión, es el tema de esta novela, el largo y oscuro complot para asesinar a Trotsky. 
     Narrada desde un presente muy cercano y con una postura mucho más desencantada que crítica, Padura reconstruye las historias personales de Iván, el narrador, cubano, que escribe un libro que nunca publica y que conocemos gracias a su amigo Daniel; la del asesino, Ramón Mercader del Río, alias Jacques Monreal, alias Fran Jacson, alias Ramón Pavlovich López, alias Jaime López; y la historia de la víctima, Liev Davídovich, alias León Trotsky. En 573 páginas, Padura integra, magistralmente, cada historia en sus propios contextos históricos: la Cuba de Castro, la Guerra Civil Española, la Rusia de Stalin y la Rusia de los sesenta y el México de Lázaro Cárdenas.
     Sólo  alguien educado en la utopía del comunismo puede, sin artificios,  darle voz al Ramón joven idealista, al Ramón cínico y al Ramón amargado y entender los contrastantes contextos para estructurar  su novela: las conspiraciones preliminares al crimen, iniciadas en los últimos años caóticos de la Guerra Civil española, las noticias del terrible genocidio estalinista,  la vida en Moscú en los años sesenta, y los efectos devastadores de una Cuba secuestrada. Con excesivo detalle, Padura rehace el exilio de Trotsky acompañado de su esposa Natalia, de secretarios y secretarias, guardaespaldas y perros, pero sobre todo, denuncia la lista interminable y cada vez más escalofriante, de los crímenes de Stalin.  Recrea, sin el romanticismo que lo ha caracterizado,  el México de Diego Rivera y Frida Kahlo de los años treinta y hace el más desolador retrato del derrumbe moral y físico de Cuba.
     No es gratuito ni que Iván haya estado leyendo el cuento de Chandler que da nombre a esta novela, en una playa de La Habana en 1977, cuando tuvo su primer encuentro con Jaime López, ni que este acontecimiento aparezca al inicio del libro. Porque Padura sabe, muy bien, cómo presentar las piezas del rompecabezas que permite, a los lectores de thrillers, participar activamente en el desarrollo del muy largo complot.


Leonardo Padura, La Habana, Cuba,  1955.
Padura Leonardo. El hombre que amaba a los perros. México: Tusquets Editores. 2009. 573 págs.

Roberto Ampuero. "La otra mujer"


Orestes Cárcamo e Isabel


La Otra Mujer - Roberto Ampuero

Orestes Cárcamo es un escritor nacido, como el autor, en Valparaíso, Chile. Recibe en Berlín, lo que después sabremos que es la primera de tres  partes de una novela escrita por un tal Benjamín Plá, con sucesos ocurridos veinte años atrás, durante los años del régimen militar en Chile, en la década de los 80.  Seducido por la historia que narra, logra que una Universidad de Nueva York  le otorgue el financiamiento para llevar a cabo una investigación enfocada en la relación entre los sucesos reales y la literatura y con ello publicar el trabajo que le permitiera recibir su tenure, esto es, una plaza definitiva.

La protagonista de la novela de Benjamín  Plá es Isabel, una típica esposa burguesa de los ochenta. La novela de Plá inicia cuando al regresar de su casa de Valparaíso a su piso de Santiago, se encuentra a su esposo José Miguel, prestigiado médico, muerto sobre la cama.

La otra mujer, la novela de Roberto Ampuero, se estructura entre las investigaciones del escritor por encontrar los hechos reales que narra la novela de Benjamín  Plá y las de Isabel, su protagonista, veinte años atrás. Orestes busca a Benjamín  Plá  e Isabel busca a la amante de su marido.  Ambos se mueven en los mismos escenarios de Valparaíso, la ciudad construida sobre montes frente al mar, con calles empinadas que suben y bajan y con una red subterránea de túneles conectados, con sus bares, cafés, su comida, el orujo, el mar. Orestes se introduce en el mundo mágico y secreto de los poetas porteños nunca publicados y logra completar el manuscrito.  Isabel encuentra a la amante de su esposo, Constanza, la otra mujer, a través de la cual, más que narrar, se delatan algunas de las atrocidades del régimen militar, entre ellas el asesinato de José Miguel, de Constanza, de David y de todo aquél que convenga matar.


Roberto Ampuero, Valparaíso, Chile 1953.
Ampuero, Roberto. La otra mujer. Colombia: Ed. Norma. La otra orilla. 2011. 371 págs

Petros Markaris. "Che committed Suicide"


 Costas Haritos

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Meses antes de las Olimpiadas de 1986 en Atenas, Costas Haritos, jefe de la División de Homicidios de Atenas, convalece después de haber sufrido graves heridas. Aburrido, insomne e irritado por la forzada convivencia con su esposa Adriani,  mata los días yendo al parque, buscando palabras en el Gran lexicón de Anonymous Dimitrakos, con el cual, en su tarea como detective, empieza “investigando el planteamiento lexicográfico de la situación”.  Y mirando la televisión. Una tarde, en una entrevista a un empresario, presencian cuando éste saca una pistola y se mata frente a las cámaras. A este suicidio público, seguirán el de un político y el de un prestigiado periodista. Cada suicidio es acompañado con la publicación de sus autobiografías por un autor que nadie conoce. Como la División de Homicidios no puede, oficialmente, abrir investigaciones sobre suicidios, aprovechan la licencia médica de Haritos para realizar una investigación discreta sobre estos suicidios.

A través de los descubrimientos que va haciendo Haritos se exponen algunos de los problemas que está enfrentando el país como resultado de la corrupción, la globalización, la apertura comercial y la migración, al mismo tiempo que se recuerda parte de la historia reciente de Grecia.  El empresario, el político y el periodista que se suicidaron, siendo estudiantes,  habían formado parte del grupo de izquierda llamado “Organización Independiente para la Resistencia, Che” que se oponía a la Junta, la dictadura militar que gobernó Grecia a fines de  los años sesenta. Junto con el líder del grupo, un personaje llamado Thanos Yannelis ligado con los grupos comunistas latinoamericanos del momento, y otros estudiantes, sufrieron torturas por la policía militar en ese momento a cargo del Mayor Skouloudis, el Torturador de la Policía Militar. Yannelis se suicida, desilusionado del desmoronamiento de los ideales comunistas y viendo como sus antiguos seguidores habían logrado riquezas, prestigio y fama olvidando sus antiguos ideales.

La novela reproduce con gran detalle los procedimientos policiales, la actuación de los medios de comunicación, la corrupción burocrática y el mundo de las compañías internacionales ante la globalización; literalmente nos mete en una Atenas desquiciante por el calor y el tráfico porque Haritos va nombrando las calles y avenidas de Atenas en sus desplazamientos. En la tercera parte del libro, cuando se pregunta ¿y si alguien conocía algo de Favieros, Stefanos y Vakirzis y decidió castigarlos para hacer justicia? Haritos encuentra lo que él llama “la verdadera rosebud”, o sea, la coyuntura crucial. Bien por los thrillers en los cuales el asesino es inesperado, pero evidente.


Petros Markaris, Griego. N en Estambul de padre armenio y madre griega. 1937


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