Hacia una poética de la novela de detectives


La literatura agrupa u ordena con la palabra “género” las obras que comparten rasgos comunes de forma y contenido. Uno de ellos, muy popular, es el llamado género de la novela de detectives, mismo que se extiende al género negro y al thriller, que sabemos lo que es pero no sabemos definirlo. Si embargo, este género todavía no alcanza un lugar en los llamados estudios literarios “académicos” y se ha cuestionado la apertura de esta especialidad en las universidades.
            A continuación presento algunas reflexiones tomadas del texto Verosimilitud y género, "Apunte sobre la novela policial" de Raymond Chandler (Estados Unidos, 1888-1959) quien estableció en su momento las características del género:
 1) La novela policial debe ser efectuada con verosimilitud: acciones verosímiles, gente verosímil, circunstancias verosímiles.
           La descripción y los retratos son sus elementos sustantivos. Al realizarlos cabalmente, el relato se convierte en un referente de primera mano para conocer la sociedad que recrea.
 2) La historia de misterio debe ser técnicamente sólida en lo que respecta a métodos de asesinato y detección.
            La estructura de la novela está determinada por el crimen y la resolución del mismo. Los elementos imprescindibles son el crimen (o asesinato), la víctima, el criminal, el detective, los indicios, la resolución, el narrador y las descripciones. La forma como algunos autores los han creado o desarrollado han hecho que se conviertan en elementos paradigmáticos.
 3) Debe ser realista en lo que concierne a personajes, ambientación y atmósfera.
            La novela policíaca depende de un contexto, esto es, de la personalidad psicológica, modificada o determinada por el ambiente social y son  los indicios que el autor proporciona al lector. 
 4) El personaje puede ser creado de diversas maneras: por el método subjetivo de introducirse en los pensamientos y emociones del personaje; por el método objetivo o dramático, como sobre un escenario, es decir, a través de la aparición, la conducta, el lenguaje y las acciones del personaje; el método histórico que se conoce ahora como estilo documental que trata de apegarse lo más posible a los hechos.
            Esta afirmación de Chandler pone en evidencia la variedad de propuestas que permite el género.
 4) Aparte del elemento misterio, el valor de una novela policial debe originarse también en una historia sólida.
            Como en muchas obras de la literatura, una simple anécdota pero bien estructurada y contada puede convertirse en una gran historia.
 5) Debe tener una estructura esencialmente simple. El desenlace ideal es aquél en que todo se hace claro en un fugaz relámpago de acción.
            Ese “fugaz relámpago de acción” como lo llama Chandler, es el elemento que hace –o no– a la obra literaria.
 6) La novela policial se le debe escapar al lector razonablemente inteligente. Con honestidad.
            En este punto se destaca la importancia del buen planteamiento y desarrollo de todos los elementos constitutivos del género para que en un “fugaz relámpago” pueda el lector llegar a la resolución.
 7) La solución, una vez revelada, debe aparecer como inevitable.
            Además de lo anterior, esta característica depende del trabajo y, tal vez, en alguna medida también, de lo que se ha llamado “talento”.
 8) No debe tratar de hacer todo al mismo tiempo: resolución de enigma, aventuras, romance, terror, tensiones psicológicas.
            Estos elementos deben ocupar un segundo papel en la novela de detectives; si no lo logran, la novela se convierte en una novela de aventuras, o romántica o psicológica, etcétera.
 9) Se debe castigar de una manera u otra al criminal. Deja un sentimiento de irritación si no se logra.
            Esta afirmación era y sigue siendo válida. Sin embargo, en el desarrollo de la vida contemporánea lograr un sentimiento de irritación puede ser la intención del autor y hay críticos que hablan del fin del “final feliz”.
 10) Debe ser razonablemente honesta con el lector. Exponer los hechos. Con imparcialidad. A partir de los cuales se logren la deducción. Ni distorsionar ni dar falsos énfasis. El lector cuenta con ser engañado pero no con o por tonterías: puede interpretar mal una clave, puede pasar por alto detalles que son importantes u olvidarlos. El juego limpio de la novela policial es puramente profesional y artístico: no tiene significado moral. La absoluta franqueza destruiría el misterio.  Con sutileza se envuelve lo que no puede decirse. Juego de destreza. El buen escritor sabe que el único método razonablemente honesto y efectivo que queda de engañar al lector es hacerle ejercitar la mente, hacerle resolver un misterio.
Tal vez la gran fascinación que provoca el género es el resultado del equilibrio de sus elementos propios en una estructura bien sustentada y desarrollada que hace que el lector ejerza todo su ingenio para resolver el misterio planteado. Como lectora de novelas de detectives, es frecuente que cuando llega la resolución,  regresemos a buscar algún o algunos detalles que pasamos por alto y que era importante tener presentes.

En otras consideraciones el mismo ensayo,  Chandler escribe que “La paradoja de la novela policial es que, mientras su estructura nunca, o en muy contadas ocasiones resiste el examen riguroso de una mente analítica, es precisamente en ese tipo de mente donde despierta mayor interés”.  En este sentido, tal vez ninguna obra de ficción resista el análisis riguroso. Pero esta afirmación también es válida para la literatura de ficción, que es creación, y como lector aceptamos  –y creemos– aquellas reglas de juego siempre y cuando estén estructuradas y equilibradamente sustentadas. Al aceptarlas, al creerle a nuestro autor, podemos gozar del placer de la lectura.
En este afán de valorar el género policial como género literario, me interesa también advertir la carencia de bibliografías de este género. Sería un buen principio para la inclusión del género en la academia, empezar a elaborar bibliografías sobre el tema. El género no es aceptado, en gran medida, por su carácter popular. Al ser popular se tiene una gran cantidad de novelas de muy disímil calidad. De aquí la necesidad de bibliografías generales y comentadas.
Las descripciones apegadas a los contextos y a las personalidades de los personajes permiten valorar el género desde muchas perspectivas: reconstrucción de ambientes, lenguaje, formas de vida y costumbres; retratos psicológicos y sociológicos; reflejo de los valores de determinadas sociedades.  Pero lo más importante: el pacer que provoca la lectura!!!!

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